hemos madurado a la par
He aprendido, leyendo
que otras también
rítmicas, ingeniosas, audaces.
Nos encontramos en la intimidad
del enamoramiento, del despertar
del amor no correspondido
cuando pude conjugar una frase
que anudara mi fuego.
Se encendieron juntas las llamas,
que abrasaban la latencia
y encendían la pluma inagotable
de nudos e historias pueriles,
para hacerle frente a la inundación adolescente.
Nacimos juntas, vivimos aún
indivorciables
en los soliloquios que aún me habitan
en la tinta virtual
en los días opacos e inertes.
Solo hay dos cosas que me desagotan
esos días de carga infinita y pesada
las lágrimas, como a los niños
y la escritura, como a los autores.
en esos momentos,
soy auto... muy auto.
viene al rescate,
mi niña a coserme
con el hilo de las palabras.