en el centro del pecho, hondo.
No hay donde buscar,
es oscuridad y ceguera.
Es perdición, hastío
un poco de dolor...
Ahí estas, latiendo, existiendo
en el umbral indefinido
de la socavante perplejidad.
Se siente insulso,
ese día que amaneces
y no podes revertir
que te ata a su suciedad
y te sostiene apretada
inmóvil.
inmutable,
ese silencio
propio y ajeno
que te deja redoblando
un eco inaudible
ese silencio,
impuesto desde el corazón del cuerpo
es el sonido callado
que te llevaste con tu voz
que cada año grita mudo
en mi alma.
Siempre te escuche,
con todo mi ser..
nunca, no va a ser la excepción
aunque me olvide el tono,
vibra así...
inquietante.
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