No se veía,
Ni mi boca ni mis pies.
Ni hablaban, ni se escuchaban.
Los ecos del frenesí.
Los susurros de muro,
Los chacabucos temores.
Pero ocupaba un lugar,
En el puñado, entre los dedos
Manojo de silencio anudado
En las vísceras inclaudicables.
Luego,
Se desenredo el camino,
Estableció sus bordes con una dirección,
Desenvolvio sus pasos,
Esos que no se veían,
Que no se oían
Y sin hacer un mayor esfuerzo,
Como un valor agregado
Se montó al hombro de la sombra
Desplegó su ritmo.
Sólo hay un paso mposible,
El que podría haber sido sin dejar de ser la consecuencia de alguno anterior.
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