martes, 24 de enero de 2017

La bolsa o la vida

Ya habían arreglado todo, iban a pagarle un alquiler al papa de él para mudarse juntos. El departamento estaba en Flores, era de dos ambientes y estaba recién pintado con la cocina hecha a nueva. El era baterista de una banda de heavy metal, tenía pelo largo castaño oscuro, lacio, tantos tatuajes que no se sabía donde terminaba uno y empezaba el otro, usaba barba de hombre con algunas canas. Solía decir que esa barba que estaba de moda ahora, era para blanditos. Ella tocaba el violín, también tenía tatuajes y vestía colores marrones. Tenía ojos claros y pelo corto. Esa tarde decidió faltar a clase con todo lo que ello implicaba pero era para reunirse con el padre de él y empezar la mudanza lo cual implicaba una apuesta muy grande en su vida.
Cuando llegó a la casa de él, su papá les informó que como le pareció que no era concreta la propuesta de ellos decidió unirlo, tirar la pared abajo del departamento contiguo del cual también era propietario y alquilarlo todo a una pyme. Ambos quedaron sorprendidos, él no supo qué hacer. Era su vida, era el departamento de su padre. Ella lo miro y con el seño fruncido le expresó su furia, también la frustración, no era la primera vez que pasaba y otra vez volvía a recaer como si fuera la única vía para iniciar su vida juntos.
Comprendieron que no debía ser la única forma... solo la conocida, como hijos.
Pero ellos querían ser adultos, por esa via la forma era actuar en consonancia con su decisión y despegar del otro.

Aprendieron que esperar lo que corresponde, solo te deja esperando, lleno de furia y frustración.

Que hay que vivir aunque cueste la vida.

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