lunes, 23 de enero de 2017

Un país en la maleta

Confieso que me divierte la cara de los extranjeros cuando me miran tomar mate.

Es la segunda razón por la cual, lo llevo de viaje al extranjero.

La primera, por la cual no lo traería, es porque nadie entiende que el agua no va hervida y cuando pedís en algún bar o en el hotel, el humo te quemas la cara.

La primera por la cual si lo traigo es porque en su sabor me traigo toda la Argentina al extranjero.

En nuestro cotidiano se crea una familiaridad con las costumbres y sabores, que al tomar vacaciones en otro país es cuando notas que tan impregnadas están en las venas, en cada movimiento, en cada deseo...

Me puedo ir pocos días, pero si algo que no puedo traer y extraño mucho es que cuando quiero helado tiene que ser de dulce de Leche.

Pero también te encontrás con las costumbres del otro país. Y es lindo. Ayer resignamos el delicioso sabor del brownie con helado, para probar el pastel de camote, es como un puré dulce de batata con sus hilitos nerviosos y todo, entre capas de alga masa parecida al pionono. Capaz podría asemejarse al dulce de cayote, pero es más parecido a la calabaza.

En fin, sobre gustos y deseos, extranjería y otras tintas...
Que arroje la primera piedra quien no diga que no hay nada escrito.

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