Deje de escribir sobre laberintos.
Eran encierro, obsesión y ceguera.
Eran vueltas y vueltas de desesperación
impaciencia, locura, soledad.
Eran el terror, de vivir en pesadilla
llevaban la astucia de una mente pueril.
Los odiaba, pero les dedicaba horas.
Eran los márgenes a mi mundo infantil.
Estaba esa puerta,
que se resistía y me hacía rebotar,
permanentemente,
pero allá iba yo,
abnegadamente a pifiar otras vez.
Como el pucho que me acompañaba,
que también abandoné.
¿De qué vamos a vivir?
Sigo en los mismos paréntesis,
enrocando la mismas letras
sufriendo del cuerpo,
preguntándome de qué voy a morir...
Es que al final,
¿De qué queremos escapar?
¿Qué queremos saber?
La distancia entre corchete y corchete,
no es más que el lugar que deseemos habitar.
Aquí, es amplio. Pero oscuro.
Es frío, pero cómodo.
Es blanco a lunares, versátil
A veces sopla el viento, y te lleva volando
De vez en cuando arde tanto...
muchas veces, muchas, hay mucha prisa.
otras, extremo letargo.
No sé si es mi corazón latiendo,
o mis pies andando,
enchufados
pero encontré la salida
a los mareos narcotizantes
de los deseos ajenos.